lunes, 22 de agosto de 2011

Lucha contra la Obesidad

Uno de los problemas evidentes con que nos encontramos en la lucha eficaz contra la obesidad, es la alta disponibilidad de alimentos, especialmente de valor nutritivo escaso e incluso perjudiciales.

Hasta hace sólo 50 años, la mayoría de alimentos se correspondían con alimentos mucho más sanos, menos procesados, con menos grasas, menos aditivos, menos azúcares...
La evolución en la industria alimentaria, desarrollo de técnicas de conservación y procesamiento, descubrimiento y aplicación de nuevos ingredientes y aditivos... han llevado a que se fabriquen multitud de productos alimentarios de escaso valor nutritivo y/o de ninguna relevancia nutricional.

El hecho de que exista un producto, no implica que tengamos que consumirlo.
El consumismo fuera de la alimetación, no produce enfermedades físicas.
El consumismo alimentario produce multitud de manifestaciones, enfermedades y problemas derivados.

Las empresas de alimentación cuentan con equipos de marketing preparados para el lanzamiento de cualquier producto con éxito relativamente alto. Ese es su trabajo: que lo compremos. Pero evidentemente que un producto exista no implica que el producto sea "sano".

Puesto que el consumidor no es capaz de decidir por sí mismo, una forma adecuada de gestionar la alimentación de un país podría ser tener empresas públicas de gestión y fabricación de alimentos.
La industria alimentaria de gestión pública sería una forma eficaz de garantizar puestos de empleo, trazabilidad de materias primas, productos alimenticios de calidad, precio asequible y productos alimentarios finales supervisados nutricionalmente.
Esto puede ser el extremo. Pero podría aplicarse una política de control de productos alimentarios que impida o dificulte la comercialización de los productos menos saludables.

Conclusiones:

  1. Que exista, no quiere decir que haya que comprarlo. En alimentación esto es especialmente importante. Disponibilidad no implica comprar.
  2. Los productos alimentarios, cuanto menos transformados y procesados, mejor.
  3. Si un estado se ocupa de la salud de sus ciudadanos -por ejemplo en el ámbito del tabaco- es esperable que lo haga también con nuestra alimentación, especialmente ante la evidente muestra de sobrepeso y obesidad.